La eficiencia energética

Autor:Pérez-Bustamante Yábar, David
Páginas:108-128
 
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Las medidas que afectan a la demanda dentro de las políticas energéticas de la Unión Europea se han dirigido, desde su creación en

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los años 90, hacia la reducción del consumo de energía y la prevención del derroche energético. Así se busca una contribución a la competitividad, a la seguridad del abastecimiento y al respeto de los compromisos asumidos en el ámbito del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático185.

Obviando ciertos actos aislados que regularon, por ejemplo, el rendimiento para las calderas nuevas de agua caliente186o respecto de los electrodomésticos187, el primer gran paso para comenzar a tener en cuenta estas medidas se produjo mediante la Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones, de 26 de abril de 2000, "Plan de acción para mejorar la eficacia energética en la Comunidad Europea"188cuyo objetivo fue proteger el medio ambiente, reforzar la seguridad del abastecimiento de energía y crear una política energética más sostenible mediante la reducción del consumo de energía mejorando la eficacia energética.

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Este plan de acción se llevó a cabo una vez que se comenzaron a perfilar sus objetivos mediante la Comunicación de la Comisión, de 29 de abril de 1998, sobre la eficacia energética en la Comunidad Europea: "Hacia una estrategia de racionalización del uso de la energía"189, con el objetivo de reducir la demanda de energía y que su utilización fuera más eficiente190.

Se afirma la existencia de muchos problemas a la hora de fomentar la eficiencia energética, tales como vender la energía por kWh en lugar de por servicios, no reflejar los costes reales de las no renovables, barreras institucionales y jurídicas y los problemas para obtener información transparente sobre las técnicas rentables y eficaces a nivel energético191.

Respecto de las medidas para integrar la eficacia energética en otras políticas comunitarias, se tratan aspectos como el transporte, la política de empresa así como la regional y urbana, la investigación y el desarrollo o la cooperación internacional.

Trato aparte merece en nuestro estudio la fiscalidad y la política de los precios de la energía, estimando la Comisión que las iniciativas

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en estos dos ámbitos son imprescindibles para la mejora de la eficacia energética. Así, se podrían prever exenciones fiscales para las inversiones dedicadas a la eficacia energética y en este sentido, la Comisión ya propuso un marco comunitario de imposición de los productos energéticos que se materializaría en la Directiva 2003/96/CE del Consejo, de 27 de octubre de 2003192, por la que se reestructura el marco comunitario de imposición de los productos energéticos y de la electricidad que analizaremos en el apartado de instrumentos de mercado.

Respecto del resto de medidas, se menciona la importancia de fomentar la eficiencia energética en la producción de equipos para transporte, domésticos, comerciales, así como fomentar los acuerdos con industrias y aumentar el papel de la eficacia energética en los servicios energéticos ofrecidos por las empresas de servicios públicos y las pequeñas y medianas empresas193.

En la categoría de las nuevas medidas se defiende la estimulación de la mejora de eficacia energética en los contratos públicos con el objetivo de estimular la demanda de las tecnologías vinculadas a ella, la realización de auditorías energéticas tanto en la industria como en el sector terciario y el fomento general de mejores

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prácticas, proporcionando a responsables y usuarios información y asesoramiento independiente sobre la eficacia energética y familiarizarlos con las nuevas tecnologías y las nuevas técnicas.

Este plan, cuya vigencia se mantendría hasta 2006 vio su continuación en la Comunicación de la Comisión de 19 de octubre de 2006 titulada: "Plan de acción para la eficiencia energética: realizar el potencial"194. En este caso, se pondría el énfasis en la movilización de los ciudadanos, responsables políticos y agentes del mercado, contemplando medidas como transformar el mercado interior de la energía para ofrecer las infraestructuras, los productos, los procesos y los sistemas energéticos más eficientes del mundo.

El objetivo final sería controlar y reducir la demanda de energía, así como actuar sobre el consumo y el abastecimiento de energía, a fin de conseguir ahorrar un 20% del consumo anual de energía primaria desde su inicio hasta 2020, implicando un ahorro aproximado de 1,5% al año sin disminuir la calidad de vida. Sin embargo, la vigencia de este plan se reduce a 2012, estimando que en este período se podrían tomar todas las medidas que propone, fijando el año 2009 para realizar una evaluación intermedia.

El plan se centra en el ahorro de energía en edificios de viviendas y comerciales, la industria manufacturera y el sector de los transportes, actuando de forma sectorial para así conseguir el objetivo del 20% que permitiría reducir el impacto sobre el cambio climático y

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la dependencia de la Unión con respecto a las importaciones de combustibles fósiles. Los ahorros realizados compensarían las inversiones en tecnologías innovadoras.

Las medidas propuestas abarcan desde normativas sobre aparatos y equipos consumidores de energía, el diseño ecológico, normas de etiquetado, mejoras en la transformación de energía o la limitación de factura de los transportes195.

Asimismo, se avanza en favor de la supresión de los obstáculos jurídicos nacionales que limitan los ahorros compartidos, la financiación por terceros, los contratos de eficiencia energética y el recurso a las empresas de servicios energéticos, apoyado por la utilización de los Fondos Estructurales y de Cohesión para las regiones más necesitadas.

Respecto de la fiscalidad, es considerado en el texto como un "potente incentivo", haciendo referencia a la preparación de un Libro Verde sobre fiscalidad indirecta y la Directiva sobre fiscalidad de la energía que analizaremos en el apartado de los instrumentos de mercado.

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Sin embargo, el aspecto clave de esta estrategia es el de influir sobre las decisiones de consumo de energía, por tanto, se pretende sensibilizar al público sobre la importancia de la eficiencia energética poniendo en marcha una serie de medidas educativas, programas de formación y de educación que aborden los temas de la energía y del cambio climático.

La Directiva 2002/91/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de diciembre de 2002196sería promulgada con la intención de aplicar requisitos mínimos en materia de rendimiento energético de los edificios nuevos o ya existentes, velar por la certificación del rendimiento energético de los edificios e imponer la inspección periódica de las calderas y los sistemas de climatización en los edificios197.

Se buscó una metodología común de cálculo del rendimiento energético integrado de los edificios; normas mínimas relativas al rendimiento energético de los edificios cuando se proceda a una reforma importante de los mismos; sistemas de certificación de edificios nuevos y existentes y exhibición de certificados y otras informaciones pertinentes en edificios públicos, y un control regular de las calderas y de los sistemas centrales de climatización en los edificios y evaluación de las instalaciones de calefacción cuyas calderas tengan más de 15 años.

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La Directiva se refirió al sector residencial, a oficinas y edificios públicos. No obstante, algunos edificios quedaron excluidos del ámbito de aplicación de las disposiciones relativas a la certificación, por ejemplo los edificios históricos y los edificios industriales. En ella se contemplan todos los aspectos relacionados con la eficacia energética de los edificios con el fin de adoptar un enfoque realmente integrado.

La Directiva está enfocada de nuevo en torno a las iniciativas de la Comunidad contra el cambio climático y el Protocolo de Kyoto y a la seguridad de abastecimiento del Libro Verde. Por un lado, la Comunidad dependía cada vez más de las fuentes de energía externas y, por otro, las emisiones de gases de efecto invernadero van en aumento198.

El consumo de energía por los servicios asociados a los edificios suponía aproximadamente un tercio del consumo energético de la UE en 2003. La Comisión estimó que sería posible realizar ahorros importantes y contribuir de este modo a alcanzar los objetivos fijados para luchar contra el cambio climático y en favor de la seguridad de abastecimiento mediante la adopción de iniciativas en este ámbito.

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A pesar de ser un asunto tangencial a la producción de energía solar, influye de forma especial en ésta pues el desarrollo de una política basada en la energía solar para los edificios tuvo mucho que ver con las medidas relativas a la eficiencia energética de los edificios y suponen una de las vías que más ha utilizado la Unión Europea para fomentar las energías renovables debido al porcentaje del consumo energético de la UE que suponen los edificios y a las características propias de éstos que les hacen idóneos para instalar paneles solares.

Un nuevo impulso en favor de la eficiencia energética lo supondría el Libro Verde de la Comisión, de 22 de junio de 2005199,

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