La regulación de la competencia en la Unión Europea: ¿lecciones para la OMC?

Autor:Amadeo Petitbò Juan
 
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1. INTRODUCCIÓN

En el momento actual la economía y las empresas se han abierto considerablemente al exterior; las empresas públicas se han privatizado y los mercados se han liberalizado o están en trance de ser liberalizados. Además, se ha apostado por las reformas estructurales y por la eliminación de la regulación ineficiente. Los resultados alcanzados son inequí-vocamente positivos aunque el proceso no haya terminado y algunas resistencias hayan frenado la cadencia de la marcha. Se han dado pasos por la senda adecuada y la andadura debe seguir a un ritmo vivo y sin interrupciones.

Internet y las telecomunicaciones están modificando el marco en el que tiene lugar la actividad económica. Y la extensión e intensidad de su uso son una de las causas que contribuyen a explicar las diferencias entre las tasas de crecimiento de las economías norteamericana y europea. La fuerza transformadora del mouse y del .com, .net, .es, o de cualquier otro dominio de primer nivel o territorial, es incuestionable.

También Internet y las telecomunicaciones contribuyen a la globalización de los mercados y, al mismo tiempo, dicha globalización exige su empleo. La economía, ahora, se internacionaliza y se 'internetiza' en un proceso retroalimentado. Además, Internet se está convirtiendo en un poderoso instrumento de difusión del progreso técnico y la innovación, y de fomento del cambio. Su papel recuerda el de las telecomunicaciones, el ferrocarril y la electricidad que, a finales del siglo XIX, contribuyeron a ampliar los mercados, aumentar la dimensión de las empresas, mejorar la productividad, reducir los costes medios y, en consecuencia, a acentuar la competencia entre unidades de producción. Internet contribuirá a fomentar la competencia a través de la mayor transparencia de los mercados y la ruptura del monopolio de la información. Pero Internet también puede contribuir a reducir la competencia, tanto en el propio sector como en el resto de los sectores, al extender a mercados conexos eventuales situaciones de posición de dominio o al facilitar el intercambio de información entre operadores económicos.

En este marco de referencia, las cuestiones relacionadas con la promoción y la defensa de la competencia ocupan un lugar destacado en los medios de comunicación y constituyen un ingrediente importante en las estrategias empresariales. Sin embargo, los avances también son testigos de conductas proteccionistas justificadas con insostenibles argumentos apoyados en la defensa de los intereses nacionales o en la teoría obsoleta de los 'campeones nacionales'. Tales conductas se traducen en barreras de entrada afortunadamente frágilesen perjuicio de unas empresas y en beneficio de otras. Telecom Italia/Deutsche Telekom, Champalimaud, Banco de Italia/BSCH/BBV, Vodafone/Mannesmann, constituyen ejemplos inequívocos de que la libre y leal competencia todavía no siempre es el criterio soberano que dirige el comportamiento de las empresas ni de todas las administraciones.

En estas circunstancias los beneficios de la competencia son evidentes, como se verá a continuación. Sin embargo, tales beneficios pueden resultar reducidos o pueden no alcanzarse como consecuencia de comportamientos anticompetitivos de las empresas: creación de barreras a la entrada artificiales, cárteles a la importación o exportación, cárteles internacionales, boicots colectivos a las importaciones de bienes o servicios ...

La OMC ha jugado un papel activo en este proceso. Por una parte, en relación con la eliminación de barreras tradicionales (aranceles y restricciones cuantitativas) y modernas (barreras no arancelarias), y, por otra, adoptando una actitud decididamente activa, propiciando la realización de análisis de estrategias con impacto positivo sobre los mercados (eliminación de barreras legislativas y reglamentarias) y el fomento del libre cambio. Detrás de todos estos planteamientos subyace el convencimiento de que en un contexto de ausencia de ejercicio de poder de mercado, el librecambio contribuye a alcanzar el óptimo paretiano. Por

el contrario, la existencia de comportamientos estratégicos anticompetitivos compromete la consecución de la optimalidad paretiana derivada de la competencia internacional. No debe olvidarse que los cárteles (nacionales e internacionales), los acuerdos verticales, por ejemplo, pueden traducirse en restricciones significativas a la competencia que impiden alcanzar todos los resultados positivos derivados de su ejercicio.

Por ello es necesario un marco competitivo transnacional y una autoridad que garantice que dicho marco no resultará afectado negativamente por los comportamientos de las empresas o de los gobiernos. Y el paso previo debe consistir en la creación de legislaciones y autoridades de defensa de la competencia robustas en todos los países.

2. EL IMPACTO ECONÓMICO DE LA REFORMA DE LA REGULACIÓN INEFICIENTE

La regulación de la actividad económica ha sido habitual a lo largo de la historia de las sociedades. Los gremios, la Iglesia, los sindicatos, las organizaciones empresariales o las administraciones públicas han procurado incidir en el quehacer económico alterando la conducta y los resultados de las empresas en relación con los correspondientes a las normas del libre mercado. En ocasiones la regulación se ha referido a cuestiones directamente relacionadas con los intereses públicos como la salud, el medio ambiente o la seguridad, por ejemplo. En otras ocasiones, la regulación ha incidido en cuestiones ajenas a los intereses públicos. Desde una perspectiva distinta, ciertas regulaciones pueden ser aceptadas porque contribuyen a la eficiencia y al bienestar, y otras regulaciones deben ser rechazadas por ineficientes. Algunos ejemplos como el control de los horarios, el acceso a la profesión o a la actividad, o la prohibición de efectuar descuentos en determinados bienes o servicios resultan particularmente significativos. En unos casos la regulación cuenta con justificaciones tal como ocurre en los casos de los monopolios naturales o la defensa de la competencia; pero, en otros casos, como la fijación de los precios de reventa de los libros, es difí-cilmente sostenible con argumentos sólidos.

La proliferación de estudios acerca de los efectos económicos de las regulaciones ineficientes a lo largo de la última década ha aportado abundante evidencia empírica acerca de los beneficios directos o indirectos potenciales de la reforma de dichas regulaciones. Entre ellos, destaca el desarrollado por la OCDE1. La cuantificación de dichos beneficios exige la

realización de estudios monográficos complejos y sometidos al sesgo de las hipótesis y de los propios datos de partida. A continuación se resumen las principales conclusiones que se deducen de las estimaciones obtenidas en dicho análisis y en otros similares. En estos estudios se ha tratado de medir el impacto de la eliminación de las regulaciones ineficientes o la introducción de otras nuevas sobre el mercado y sobre la economía en su conjunto.

2.1 Estudios pioneros sobre los efectos macroeconómicos de la reforma de la regulación ineficiente

Harberger (1954) trató de estimar el coste social relativo de las situaciones de ineficiencia en términos de su repercusión sobre el PIB. Uno de los estudios de mayor impacto ha sido el de Winston (1993) quien estimó entre 35.800 y 46.200 millones de dólares (a precios de 1990) el beneficio anual derivado de la reforma de la regulación de diversos sectores muy regulados en los Estados Unidos. Esta cifra significa entre 0,7 y 0,8 puntos porcentuales del PIB de aquel país. Y estimó en otros 22.000 millones de dólares anuales el beneficio suplementario que se podría obtener como consecuencia de una re-regulación óptima de dichos sectores. El análisis de las cifras del cuadro 1 revela que el impacto de la desregulación sobre los consumidores sería diez veces superior al correspondiente a los productores.

En un trabajo posterior, Winston (1996) sostuvo que los indicadores de los beneficios de la desregulación manejados por los economistas han sido subestimados. Pese a que las empresas pueden ajustar rápidamente los precios a los costes marginales después de la desregulación, adaptar la producción a las nuevas condiciones exige tiempo. El problema reside en el hecho de que tanto los operadores económicos como las administraciones públicas y los consumidores están más preocupados por el corto plazo que por el medio plazo exigido para percibir los efectos positivos de la nueva situación despojada de la coraza protectora de la regulación. La liberalización de los mercados también tiene resultados positivos. En efecto, Emerson, Aujean, Catinat, Goybet y Jacquemin (1988), tomando como referencia la economía europea inmersa en el proceso de integración económica y de consolidación del mercado único, analizaron los beneficios derivados de la liberalización y del consiguiente desmantelamiento de las barreras a los intercambios, estimando dichos beneficios en un valor comprendido entre el 3 y el 7 por ciento del PIB comunitario. Posteriormente, Hoeller y Louppe (1994) señalaron la dificultad de evaluar los efectos reales de la integración, si bien una simple estimación macroeconómica sugería unas ganancias de 1,5 puntos porcentuales en términos del PIB. Un estudio de las Comunidades Europeas (1996) confirmó estos resultados y estimó que se han creado entre 300.000 y 900.000 puestos de trabajo adicionales en la economía comunitaria como consecuencia de la liberalización. Por su parte, Van Sinderen y Bergeijk, Haffner (1994) han estudiado el impacto de la liberalización de veinte sectores de la economía holandesa bajo el supuesto de flexibilidad del mercado laboral estimando los beneficios anuales de la reforma entre un 0,5 y un 1,1 por ciento del PIB holandés.

Todos estos análisis recogen parcialmente...

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