Supremacía del Dólar, aspiraciones del Euro: ¿Receta para la discordia?

Autor:Benjamin J. Cohen
Páginas:119-134
 
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SUPREMACÍA DEL DÓLAR, ASPIRACIONES
DEL EURO: ¿RECETA PARA
LA DISCORDIA? 1
1 Este trabajo es una versión abreviada del artículo «Dollar Dominance, Euro Aspi-
rations: Receipe for Discord?», que se publicó en el vol. 47, núm. 4, de la revista Journal
of Common Market Studies (2009).
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Benjamin J. co h e n
SUMARIO: 1. SUPREMACÍA DEL DÓLAR, ASPIRACIONES DEL EURO.—2. LA
SITUACIÓN GENERAL.—3. UNA DESVENTAJA ESTRUCTURAL.—4. VI-
SIÓN POCO DEFINIDA.—5. ¿DISCORDIA?—6. LUCHA POR EL LIDE-
RAZGO.—7. ¿COLAPSO?—8. CONCLUSIÓN.—REFERENCIAS BIBLIOGRÁ-
FICAS.
1. SUPREMACÍA DEL DÓLAR, ASPIRACIONES DEL EURO
Después de dominar el sistema monetario internacional durante
casi un siglo, ¿ha encontrado el dólar un rival a su altura en el euro?
Para muchos observadores, esta perspectiva era evidente desde hacía
tiempo. Incluso antes de la fundación de la UEM en 1999, economistas
de renombre como George Alo g o S k o u F i S (que luego se convertiría
en ministro de Finanzas de Grecia) y Richard po r t e S ya predecían que
«los fundamentos apuntan hacia un cambio potencialmente importan-
te a favor del euro» (Al o g o S ko u F i S y po r t e S , 1997, p. 63). La moneda
común de la Unión Europea podía aspirar legítimamente a unirse al
dólar en la cima de las finanzas globales. En la década transcurrida des-
de el nacimiento del euro, Europa parecía encaminada a convertirse en
una nueva potencia monetaria. Se hubiera dicho que el destino del dó-
lar estaba decidido tras el colapso del mercado inmobiliario de Estados
Unidos a mediados de 2007, colapso que provocó la mayor crisis en los
mercados financieros estadounidenses desde la Gran Depresión.
Pero las apariencias pueden ser engañosas. De hecho, los logros del
euro como moneda internacional se han quedado cortos respecto a
las aspiraciones. Hay que reconocer que la moneda ha rendido bien a
nivel de tipos de cambio. El valor del euro subió desde su mínimo de
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0,83 dólares a mediados de 2002 a un máximo de 1,60 a mediados de
2008, antes de caer un poco en tiempos más recientes. Pero los tipos
de cambio son, como mucho, un indicador imperfecto de la situación
global de una moneda. Lo realmente importante no es el precio sino el
uso: el grado en que el euro está siendo adoptado por actores fuera de la
UEM para ejercer las funciones estándar de un medio de intercambio,
unidad de cuenta o depósito de valor. A efectos de su uso interna-
cional, el cambio a favor del euro no ha sido importante en términos
generales. Tras una oleada inicial de entusiasmo, actualmente el interés
por el euro parece haberse estabilizado, o incluso estancado, y por ahora
da la impresión de estar circunscrito en gran medida a cier tos sectores
del mercado y a ciertas regiones. Ni siquiera los problemas actuales
en el sector financiero de Estados Unidos, que han exigido enormes
intervenciones por parte del gobierno y, en algunos casos, nacionaliza-
ciones de facto, han sido suficientes para modificar las preferencias por
el dólar. Irónicamente, la crisis ha servido para fortalecer la supremacía
global del dólar.
En pocas palabras, las configuraciones de poder en las relaciones
entre monedas han cambiado mucho menos de lo esperado. El euro
ha conseguido situarse en segundo lugar después del dólar, pero la dis-
tancia entre los dos es, y seguramente siga siendo, grande. A no ser que
las autoridades de la UEM hagan un gran esfuerzo para promocionar
el papel de su moneda, cualquier desafío al dólar será modesto, como
mucho.
¿Se atreverá Europa a presentar un reto directo? Nadie lo sabe real-
mente, pero la tentación seguramente será grande, particularmente en
un momento en que la tensión que sufre el sistema financiero nor-
teamericano parecería que refuerza en principio la vulnerabilidad del
billete verde. Los que deciden las políticas en Europa entienden los
beneficios materiales que produciría un uso más extendido de su mo-
neda. Entre ellos está un aumento importante en el señoriaje, que sería
el resultado de mayores depósitos de euros en el extranjero o activos
denominados en euros, así como de un mayor grado de flexibilidad
macroeconómica que se derivaría de la capacidad para financiar déficit
externos con la moneda europea. En términos prácticos, cuesta ima-
ginar que las autoridades de la UEM vayan a abstenerse totalmente de
intentar promover un papel más importante para el euro. Pero eso, a su
vez, podría provocar un conflicto con Estados Unidos, que nunca ha
ocultado su compromiso con la idea de mantener la supremacía global
del dólar. Una lucha abierta por el liderazgo monetario podría conver-
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