La economía, ¿instrumento al servicio de una unión fundada en los derechos humanos? 1ª Ponencia

Autor:Agustín Ullied
Cargo del Autor:Profesor de Departamento de Economía. ESADE. Miembro del Team Europa
Páginas:23-40
RESUMEN

I. Introducción - II. La recuperación política y económica en la postguerra - III. El resurgimiento de los movimientos europeístas - IV. Evolución del proceso de integración económica europea: la consideración del respeto a los derechos humanos - V. La superación de la división de Europa - VI. Los logros económicos - VII. Los retos del futuro - VIII. Bibliografía

 
ÍNDICE
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I Introducción

Zygmunt Bauman, sociólogo europeísta nacido en Polonia, inicia su ensayo «Una aventura llamada Europa» haciendo referencia al rapto de la princesa «Europa» por Zeus transformado en un toro. Su padre, Agenor, mandó a sus hijos a buscarla. Uno de ellos, Cadmos, llego a Rodas y fue a explorar las tierras que más adelante recibirían el nombre de su hermana. En Delfos consultó al oráculo, la pitonisa le respondió con evasivas pero le dio un práctico consejo: «Es mejor que busques una vaca y la hagas caminar sin reposo hasta que desfallezca, en ese punto edificas una ciudad». Según la leyenda, así fue construida Tebas. La lección de Cadmos dio pie a que Denis de Rougemont, uno de los mejores pensadores suizos fiel defensor de una Europa federal, dijera que: «Encontrar a Europa es lo mismo que construirla» y que «Europa existe gracias a su afán por ir en busca del infinito», eso es a lo que llama aventura. En la actualidad meterse en una aventura significa demostrar las propias aptitudes: emprender una tarea difícil, un experimento, una tentativa original o emocionante todavía inexplorada.

Y, qué es la Unión Europea, sino el producto de una aventura, de un experimento, una tentativa original y emocionante, inexplorada, nunca intentada. Existen otras leyendas, pero según Bauman, todas tienen un denominador común: Europa no es un lugar que se necesite descubrir, Europa es una misión, un escenario que se debe fabricar, crear y construir.

Europa es hoy el producto de lo que ahora hace 50 años empezamos a fabricar, crear o construir los ciudadanos europeos. Un producto iniciado por seis Estados de la Unión, cuyo éxito ha sido construir un espacio económico común que permitiera la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos, en un entorno de paz, de democracia y de respeto a los derechos humanos.

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¿Ha sido la economía un instrumento al servicio de una Unión Europea que se fundamenta en los derechos humanos? Es evidente, tal como se constata en los resultados obtenidos a lo largo de estos 50 años, que la economía ha sido el elemento dinamizador del proceso de integración y, probablemente, es la parte más visible de este proceso. Otra pregunta con respuesta menos contundente sería si la economía ha sido «el instrumento» que ha permitido avanzar en la asunción de los derechos humanos en el proceso de unificación europea. Hay quien cuestiona que la mejora de la economía no es razón necesaria y suficiente para impulsar la adopción de los derechos humanos en las legislaciones nacionales. Mientras que existen otras posiciones que consideran que la mejora de la economía ha sido y es un instrumento fundamental en la adopción de los derechos humanos en la legislación nacional de muchos países. El proceso de integración europea se sitúa en esta segunda consideración y demuestra que su evolución es un claro ejemplo de cómo la economía ha sustentado la progresiva incorporación de los derechos fundamentales en el acervo legislativo europeo.

A la vista de los objetivos iniciales de los padres fundadores es evidente que los Tratados tienen un contenido principalmente de carácter económico. Ni el Tratado de Roma, constitutivo de la Comunidad Económica Europea, ni el Tratado de Maastricht establecían una lista de derechos fundamentales. Hay que esperar al Preámbulo del Acta Única de 1986 y al artículo 6 del Tratado de la Unión Europea a que se incluya formalmente la obligación de respetar los derechos definidos por el Convenio Europeo de Derechos Humanos y que se refuerzan en el Tratado de Amsterdam al establecer una serie de principios fundadores de la Unión (la libertad, la democracia, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como el Estado de Derecho).

Por todo ello se puede afirmar que los derechos humanos, al igual que el sistema democrático y el Estado de Derecho son valores básicos de la Unión Europea incorporados en su Tratado fundacional y que han sido reforzados mediante la adopción de una Carta de Derechos Fundamentales incluida en el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa que, en la actualidad, está en proceso de ratificación por parte de los Estados Miembros de la Unión Europea. El respeto de los derechos humanos es un requisito de obligado cumplimiento para los países que desean incorporarse a la Unión y una condición previa para los países que concluyen acuerdos comerciales o de cualquier otro tipo con ella.

En consecuencia observamos que economía y respeto a los derechos humanos aparecen íntimamente unidos en las razones por las que se crea la Unión europea. Los padres fundadores de las primeras comunidades europeas, la del Carbón y del Acero, la de la Energía Atómica y la Comunidad Económica esgrimen

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la defensa de una unión de los pueblos de Europa profundamente impresionados por las terribles consecuencias que, desde una perspectiva humana y económica, tuvo la segunda guerra mundial.

La guerra de los bombardeos aéreos a poblaciones civiles, la táctica de tierra quemada que a menudo aplicaban los ejércitos en su retirada, las migraciones forzosas y voluntarias de más de 40 millones de personas, las deportaciones o las liquidaciones en masa realizadas en los campos de concentración habían provocado daños humanos y materiales incomparablemente más graves que los ocasionados en cualquier guerra anterior. Más de 30 millones de europeos, entre militares y civiles perdieron la vida. La población civil fue expuesta a las consecuencias de la guerra a menudo de un modo tan cruel como los combatientes; sufrió todo tipo de privaciones, prestaciones forzosas, requisas y a menudo feroces represalias.

Las pérdidas materiales fueron muy importantes. Al acabar la guerra la falta de materias primas impedía una recuperación inmediata de la producción. Incluso escaseaban aquellas en las que Europa había sido tradicionalmente rica: la producción de carbón, en ese momento la mayor fuente de energía, sólo cubría el 40 % de la producción anterior a la guerra. Los países europeos se quedaron sin medios financieros para comprar materias primas en otros mercados y las cajas de los Estados estaban vacías, la moneda en circulación, acuñada sin ningún control, creaba situaciones inflacionistas incontenibles que provocaban devaluaciones espectaculares. Lo peor eran las condiciones de desamparo que vivía la población civil. La falta de viviendas junto con la de los aprovisionamientos alimentarios eran los dos problemas más acuciantes en toda Europa.

Europa, empobrecida material e intelectualmente por las consecuencias de la guerra parecía haber perdido la fe en su futuro. A ello contribuía la percepción de que el protagonismo europeo de la historia había acabado. Y esto, tanto como las dificultades materiales, estaba destinado a pesar en la recuperación del continente.

II La recuperación política y económica en la posguerra

El primer país europeo que fue a las urnas, pocas semanas después de acabar las hostilidades en Europa, fue Gran Bretaña. Junto con los civiles también votaron los militares ingleses esparcidos por todo el mundo y al cabo de tres semanas se conocieron los sorprendentes resultados: los conservadores, con W. Churchill al frente, al que se reconocía como principal artífice de la victoria británica en la guerra, eran derrotados ampliamente por una mayoría laborista.

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El Partido Laborista anunció el nacimiento de una sociedad nueva que tendía a conservar los valores permanentes de la sociedad inglesa; las libertades individuales, la tolerancia, la continuidad de las tradiciones y las instituciones y el desarrollo del igualitarismo y de esa conciencia de seguridad colectiva que habían nacido durante la guerra. De manera paralela, el laborismo se favoreció con una serie de de propuestas de reforma que constituían el núcleo de ese «welfare state» destinado a convertirse en el fundamento del nuevo modelo de sociedad europea.

El más conocido de estos proyectos fue el plan formulado por Lord Beve-ridge, un liberal radical cercano a las posiciones laboristas. El plan presentaba un conjunto de leyes que garantizaban al individuo y a su familia una protección integral «desde la cuna hasta la tumba». Medicina social, subsidios de desempleo, edificación pública y educación gratuita se convertían en elementos de un programa global de seguridad social garantizada.

A mediados de 1945, Francia ponía en marcha un plan de reformas económicas programadas por el movimiento de la Resistencia, primero se nacionalizó la Renault, parte de la industria del carbón y la aeronáutica, más tarde el Banco de Francia y algunas instituciones de crédito, de seguros, de gas y electricidad. Lo más innovador fue la aprobación, en octubre de ese mismo año, de una serie de medidas de seguridad social que ampliaron y completaron el programa iniciado por el Frente Popular de 1936 y que también, aunque menos espectacularmente que en Gran Bretaña, ponían las bases del «welfare state».

Eran las primeras piedras de lo que años más tarde sería el modelo económico europeo. Y la primera muestra de la utilidad de la economía no sólo como instrumento para el crecimiento del bienestar sino también para configurar un modelo de sociedad que avance hacia la adopción y el respeto de los derechos fundamentales.

Pero no es hasta la puesta en marcha del Plan Marshall que no se produce un giro en la situación económica y...

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