Legitimación para recurrir

El recurso de casación ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (1998)

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Legitimación para recurrir

1. CONCEPTO DE LEGITIMACIÓN PARA RECURRIR.

Con frecuencia, en las ocasiones que a lo largo de la historia del derecho se ha hablado de legitimación, el objeto ha sido «tratar de asegurar la presencia en el proceso, desde su iniciación, del verdadero titular del derecho discutido»(499). En nuestros días, esa afirmación cae por su propio peso, pues de ser cierto lo dicho, el proceso devendría prácticamente inútil, al ser ya conocido de antemano lo que debe ser averiguado en el propio proceso(500).

Si la labor de la legitimación es saber quién va a ser parte activa o pasiva en una determinada fase del proceso(501), la legitimación para recurrir no va a significar algo diferente, aunque el momento procesal será en ese caso el instante de la admisión del recurso. Con la legitimación para recurrir se va a poder determinar en la mayoría de las ocasiones, a limine recursus, quién va a poder ser recurrente, parte en el recurso en definitiva.

La legitimación para recurrir significa por tanto el derecho del recurrente al «ejercicio de la actividad impugnaticia»(502), y en manera alguna se debe confundir lo dicho con el examen de fondo del asunto, ya que la noción aquí ofrecida es puramente procesal.

Requisito básico de la legitimación para recurrir es lo que se conoce doctrinalmente con el nombre de «gravamen», o perjuicio derivado de la resolución que se pretende impugnar. Si ese perjuicio concurre en el justiciable, estará en principio legitimado para recurrir.

La condición de parte del recurrente no es esencial para el recurso(503). No es ni requisito necesario, ni requisito suficiente, ya que existen casos en los que impedir la posibilidad de recurso a alguien que no fue parte se convierte en la práctica en una denegación de justicia, como se analizará en otro punto. El «aspecto externo subjetivo genérico» que representa la condición de parte(504) no es suficiente de cara a poder recurrir, sino que es únicamente necesario, en conclusión, haber sido perjudicado por la resolución que se trata de impugnar.

a) Especificidad de la legitimación para recurrir.

Si la legitimación procesal consistía en la determinación de las personas que pueden intervenir como partes en un proceso concreto y determinado,(505), la legitimación para recurrir sustituye de la anterior definición la palabra «partes» por «recurrentes», al fin y al cabo partes también, y concreta el ámbito de aplicación del «proceso concreto y determinado», al «recurso». Piénsese que la expresión «recurso» proviene de la palabra latina recursus, volver a correr, volver a andar. El recurso no es más que una especie de reiniciación del proceso limitada en algunos aspectos, y la legitimación procesal nos dará la clave de quién puede ser parte en el recurso.

No debe diferenciarse propiamente legitimación procesal de legitimación para recurrir. Debe mejor decirse que la legitimación para recurrir es la propia legitimación procesal observada en el momento del recurso.

La finalidad de la legitimación procesal, aparte de la determinación de las personas que podrán intervenir como partes, es rechazar a limine demandas que claramente no van a tener éxito, y descargar así de trabajo a los órganos jurisdiccionales, cuyo retraso menoscaba los derechos del resto de justiciables. Ello sólo es posible en contadísimas ocasiones, y una de ellas, que es la que nos interesa para el objeto del presente trabajo, es el caso en el que en el momento del recurso, el demandado no alegue que la resolución que recurre le provoca perjuicio(506). Al igual que en la legitimación en primera instancia, el demandante para conseguir esa legitimación debía sencillamente afirmar ser el titular del derecho discutido(507), es lógico pensar que en la instancia de recurso baste con que el recurrente afirme que la resolución de la instancia anterior le produce gravamen.

b) La legitimación para recurrir y la condición de parte del recurrente:

Se afirma habitualmente que podrá ser parte el titular del derecho material discutido en el proceso(508). Esa afirmación encierra una pequeña imprecisión. Es cierto que «podrá» ser parte el titular de la relación jurídica discutida, pero no tendrá porqué ser realmente titular. Se es parte «simplemente por el hecho de formular activamente, o soportar pasivamente en un proceso una petición de fondo»(509).

El demandado es parte por el mero hecho de la formulación de la petición de fondo dirigida contra él por el demandante. Partes pueden ser también los intervinientes litisconsorciales(510), principales, o adhesivos simples, sucesores procesales, sustitutos (no sustituidos) y representados. También goza de esta condición el rebelde, que en realidad es un demandado. Por último se encuentra aquel que no ha sido parte, pero aparece condenado por la resolución. La solución que se le brinda en muchos ordenamientos es la llamada oposición de tercero(511).

Una de las figuras citadas ofrece problemas de consideración con importancia par...

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