Formación de la identidad europea en la Edad Media

Autor:Carlos José Riquelme Jiménez
Páginas:45-72
Cargo del Autor:Universidad Nacional de Educación a Distancia
RESUMEN

1. Europa versus christianitas . 2. Bases de conformación del espíritu europeo medieval. 3. Carlomagno: rex europeae. 4. Las dificultades de la identidad europea con posterioridad a Carlomagno. 5. Bibliografía.

 
EXTRACTO GRATUITO

1. Europa versus christianitas

La contraposición romano-bárbaro, con la aparición del Cristianismo, adquiere una nueva dimensión, convirtiéndose en la dicotomía cristiano-pagano. Surge así un nuevo concepto heredero del antiguo mundo civilizado, primero helenístico y luego helenístico-romano, opuesto al bárbaro, esto es la ecclesia o la respublica christiana (christianitas).

Así, el concepto de christianitas se configura frente al concepto de Europa, mayoritariamente pagana o bárbara. El término bárbaro significó, por un lado, extranjero, pero también adquirió un significado despectivo y así lo utiliza Paulo Orosio1 en sus Historias, donde expone el programa de gobierno de Ataulfo en el que, en un primer momento, hubiera querido sólo valerse de los germanos pero después, tras multa experientia, se convenció íneques Gothos ullo modo parere legibus posse propter effrenatam barbariem . Con ello se demostraba que el bárbaro no estaba capacitado para sentir las limitaciones de la ley.

Algunos autores hablan del furor barbaricus (entre ellos San Ambrosio y Victor Vitense), y algún otro como Constancio de Lyon añade el término de barbarica cupiditas, queriendo describir así a un hombre carente de freno y de ley.

No obstante, San Agustín mantendrá un criterio favorable a los bárbaros, ya que al referirse en su Civitate Dei al Saqueo de Roma del año 410 quiso significar que vinieron a limpiar de oprobio a la Ciudad Santa y por respeto al nombre de Cristo, Dios confundió las crudelísimas y cruentísimas mentes, las frenó y admirablemente las templó .

El mundo romano había alcanzado el mediodía y el occidente. Tenía bajo su poder a Italia, Grecia y la Galia. Toda Europa Central, más allá del Rin, quedó fuera de la órbita civilizada, pues en ella habitaban naciones bárbaras, decía Amiano Marcelino a fines del siglo IV. Sin embargo, San Ambrosio, gran patriota romano, exalta las fronteras, el bonum mare... quo barbaricus furor clauditur. El Danubio y el Rin constituyen la muralla defensiva del Imperio romano, es decir, del mundo civilizado contra el furor de los bárbaros. Europa será así el occidente y el mediodía romano.

Todavía en el siglo IV, Venancio Fortunato habla de Romania y bárbaros, y las fuentes germánicas contraponen los romanos a los bárbaros.

Paulo Orosio, sin embargo, considera que la propagación de la fe cristiana era necesaria para la expansión del Imperio romano, de tal modo que la Iglesia de Cristo acogiera en su seno a todos los pueblos, etsi labefactione nostri.

A partir del siglo IV empiezan a separarse Oriente de Occidente por la rivalidad entre los emperadores y por los celos y las sospechas. Incluso, uno de los dos ve complacido las dificultades que se le crea al otro por algún pueblo germano que presiona en las fronteras.

El pensamiento romano sigue estando vigente en los pensadores y escritores que empiezan a desarrollar doctrinas políticas. Es cierto que el Occidente, según Liudprando de Cremona en su Relación de la alegación constantinopolitana, tiene una huella germánica en lo que respecta a la estructura político-militar, pero también tiene un sello católico, es decir, romano, en lo que se refiere a la vida religiosa y moral.

La distinción entre germanos y romanos será progresivamente superada por la de occidentales-orientales, de forma que dentro de la denominación francos, aparecen a veces comprendidos lo mismo los latinos que los teutones, como ocurrirá generalmente después2. Occidente va a servir para designar a las regiones situadas al oriente del Adriático y Oriente comprenderá Grecia.

Nuevos pueblos no conocidos por los griegos del siglo V componen el nuevo Occidente que también abarca la Europa Central y se ha extendido bastante más allá de las regiones propiamente mediterráneas. Surge la comunidad de los pueblos romano-germánicos de Europa (Abendland).

La contraposición Oriente-Occidente se hará más acusada con la separación de la Iglesia oriental respecto a la romana y en el campo político con las Cruzadas.

2. Bases de conformación del espíritu europeo medieval

En la Alta Edad Media, por efecto de las Cruzadas, el dominio del Mediterráneo, en gran parte, pasa de nuevo a las potencias occidentales, especialmente a las repúblicas italianas de Pisa, Génova y Venecia. Esta última constituye una perenne amenaza para los Estados bizantinos. Sin embargo, la costa norte de África quedó en posesión del Islam. Luego, en el siglo XII, los normandos intentaron sin resultado establecerse en ella (operando a tal fin desde Sicilia), o por lo menos someterla a protectorado.

Profundo fue el efecto de las conquistas del Islam en el Mediterráneo, especialmente en lo que se refiere a Bizancio.

Los bizantinos eran todavía una potencia respetable, con predominio marítimo en el Mar Egeo: bajo los emperadores sirios, en el siglo VIII, fortalecieron su poderío militar; y, con los emperadores macedónicos, en los siglos X y XI, experimentaron un renacimiento cultural que les convirtió en centro espiritual de indudable importancia. Ejercieron fuerte influjo en las tierras eslavas, y, especialmente, en Rusia, transmitiendo a estos territorios la cultura romana con vestiduras bizantinas.

Dos acontecimientos van a afectar al debilitamiento de Bizancio. Por un lado, la irrupción que en los años 1237 y 1240 destruye el viejo Imperio de Kiev, y hace que a partir de este momento Rusia viva aislada de la cultura europea durante cuatro siglos; y, por otro, la irrupción mongólica. A esto hay que añadir, que Bizancio no estaba en condiciones de proteger al Papa contra los longobardos. Todo ello explica que el Pontífice se desligase de Bizancio y buscase en Occidente el apoyo de los francos.

Es aventurado hipotetizar sobre lo que hubiera ocurrido en el desplazamiento del centro político de Occidente hacia el norte, una zona alejada del Imperio romano mediterráneo, y si hubiera sido posible la conexión del Papado con este nuevo centro de soberanía político.

El ascenso de Europa se va a iniciar en la Edad Media, cuando Occidente se afirme frente al Imperio bizantino y al mundo oriental, convertiéndose en una cultura superior.

Se cuestiona cómo pudo producirse este ascenso, si Europa estaba ocupada en la Alta Edad Media por pueblos eminentemente atrasados. La explicación fundamental se asienta en que la dinámica de la economía, sociedad y cultura europeas no se basaba sólo en las ciudades y en las diversas actividades comerciales e industriales, sino también en la agricultura y en las fuerzas que actuaban en ella. Así, no podría entenderse el crecimiento urbano en los siglos XII y XIII y el florecimiento del comercio y tráfico sin las transformaciones en la agricultura y en la sociedad rural que sirvieron de apoyo para acelerar aquellos procesos. Ese desarrollo, en consecuencia, se asentó en la propia estructura del mundo feudal campesino, sin que tuviese vinculación con las relaciones de intercambio comercial con Bizancio y el Islam.

La ciudad europea de la Alta Edad Media central, como vemos, se desarrolló en el marco de una sociedad feudal con la que estaba estrechamente asociada a través de la figura del señor urbano.

En el conflicto de los burgueses con los señores urbanos se constituyeron los elementos básicos de la libertad ciudadana. La rica vida asociativa de las ciudades en los gremios y corporaciones y la libertad de los burgueses se desarrollaron de esta forma a partir de estructuras anteriores.

En resumen, el desarrollo del urbanismo europeo en la Edad Media estuvo posibilitado por un sorprendente incremento de la agricultura y un ascenso de la producción agraria de forma que la creciente población de las ciudades pudo ser abastecida de los alimentos necesarios. Este fenómeno caracterizará al reino franco, sirviendo de modelo a otros estados europeos.

Este reino, que desde el año 800 se convirtió en Imperium francorum, constituye según J. Fleckenstein el eslabón entre los reinos divergentes de los pueblos germanos de las invasiones y la posterior comunidad de naciones europeas que avanza a pesar de todas las tensiones y luchas . El reino carolingio reunió dentro de sus fronteras a los principales países de Europa occidental y les proporcionó estructuras comunes en el derecho, la economía y la cultura. Éste no pudo mantener por mucho tiempo su unidad, pero se convirtió en núcleo de una comunidad de pueblos europeo-occidentales al que se anexionaron otros miembros en los siglos siguientes.

Como vemos, se empieza a conformar una nueva estructura política que definiría Europa en estos momentos, marcada básicamente por los francos. Pero, ¿qué pueblos fueron integrados por este reino?; y, ¿qué regiones de Europa quedaron marcadas de forma duradera por su cultura?.

Pipino asimiló a los aquitanos y se impuso en las regiones del este del reino. Carlomagno asumió el gobierno lombardo y extendió la influencia política hacia el sur a través del estado de la Iglesia. Aquitania quedó integrada en el reino y se organizó la Marca Hispánica frente a los árabes. El imperio Ávaro fue cercado y el poder de Carlomagno se extendió a este territorio y al eslavo. Luego conquistó Sajonia y protegió al Imperio frente a los normandos.

El Imperio de Carlomagno alcanzó en el 800 su máxima expansión. Abarcaba entonces las antiguas Galia y Germania; a través de las marcas, penetraba en el norte de España y en el este eslavo; y, con la incorporación del reino lombardo, dominaba las principales regiones de Italia. Se extendía sobre los que serían los principales países de Europa moderna: Francia, Alemania e Italia; con Inglaterra, que quedaba fuera del Imperio, existían fuertes vínculos culturales y religiosos, que resultarían provechosos para la penetración eclesiástica del Imperio franco....

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA GRATIS